Profesorado de Ciencias Jurídicas U.B.A.
  01- FRANKENSTEIN EDUCADOR-PHILIPPE MEIRIEU
 
 
FRANKENSTEIN EDUCADOR
PHILIPPE MEIRIEU
 
 
Frankenstein hace un hombre, lo fabrica. Y su acto le aterra tanto que cae en postración y abandona a su suerte al ser innominado. Un ser que no es básicamente malo, un hombre que se aproxima a ese estado de naturaleza que Rousseau describía, ser que se educará un poco al modo del Emilio y que caerá en la violencia cuando el abandono de su creador, se sume la estupidez de los hombres.
Cuando se crea se limita, y esas restricciones son contradictorias con su libertad. Hemos hecho un niño y queremos hacer de él un hombre libre, pero si se lo hace, no será libre o no lo será de veras, y si es libre escapará inevitablemente a la voluntad y a las veleidades de fabricación de su educador.
Es lógico que el educado escape al control del educador. Frankenstein, que no sabe lo que hace, da vida a un ser que se le parece bastante y al que se le da libertad, y por esa misma libertad escapa ineluctablemente al control del fabricante.
Él, cara a cara con otro, a quien debo transmitir lo que yo considero necesario para su supervivencia o para su desarrollo y que se resiste al poder que quiero ejercer sobre él. Él cara a cara con alguien que está, respecto a mí, en una relación primordial de dependencia inevitable, alguien que me lo debe todo y de quien quiero hacer algo, pero cuya libertad escapa siempre a mi voluntad.
Revolución copernicana en pedagogía, Claparede, pensaba que había que dar una vuelta de página a la pedagogía normativa y autoritaria, que trata de domesticar al niño como objeto de imponerle saberes y actitudes, conformes a las exigencias sociales. Consideraba, como Rousseau, que la pedagogía debe centrarse en el niño, el cual se convierte en el actor principal de su propia educación si descubre y construye, por si mismo, lo necesario para su propio desarrollo.
De la lectura del Emilio saca a luz muchas imposiciones educativas, dado que el niño no sabe todavía quée es necesario y beneficios para su propio desarrollo, la decisión en cuanto a esto recae en el adulto, el cual se organiza para que el pupilo descubra por si mismo aquello que ya se ha decidido que descubra, y desee en el momento apropiado, aquello que su educador considera deseable.
Por otra parte, no es seguro centrar la educación en el niño, porque puede hacer creer que el niño lleva en si, los fines de su propia educación y que esta le ha de quedar enteramente a su subordinación. El niño llega al mundo infinitamente pobre, y no puede desarrollarse más que gracias a un entorno estimulante y a su inscripción en una cultura. Atender sus peticiones, someterse a sus necesidades, proponerle tan solo aquello que tiene ganas de hacer, es arriesgarse a mantenerlo en un estado de dependencia, incluso en una vida vegetativa, la que privado de exigencias, se dejará caer al nivel más bajo. La educación se reducirá entonces a la contemplación embobada.
La verdadera revolución copernicana, consiste en dar la espalda al proyecto del Dr. Frankenstein, (Golem-Pinocho) y a la educación como fabricación, considerando al niño como un objeto de fabricación, con la ambición de dominar por completo el desarrollo de un individuo. Pero con ello, no hay que subordinar toda la actividad educativa a los caprichos de un niño-rey.
La educación, en realidad, ha de centrare en la relación del sujeto y el mundo humano que lo acoge. Su función es permitirle construirse a sí mismo como sujeto en el mundo. La finalidad de la empresa educativa: que aquél que llega al mundo, sea acompañado al mundo y entre en conocimiento del mundo, que sea introducido en ese conocimiento por quienes le han precedido. Que sea introducido y no moldeado, ayudado y no fabricado. Que pueda hacer obra de sí mismo. (Pestalozzi)...
 
Exigencias de la revolución copernicana
1.- La primera exigencia de la revolución copernicana, consiste en renunciar a convertir la relación de filiación, en una relación de causalidad o de posesión. No se trata de fabricar un ser que satisfaga nuestro gusto por el poder o nuestro narcisismo, sino de acoger a aquel que llega como un sujeto que está inscrito en una historia, pero que al mismo tiempo representa la promesa de una superación radical de esa historia.
Aceptar al niño que llega como un don, renuncia a ejercer con él nuestro deseo de dominio, despojarse de nuestra propia función generadora, sin con ello renunciar a nuestra influencia ni tratar de abolir una filiación, sin la cual no podría conquistar su identidad. Hay que renunciar a ser la causa del otro sin renunciar a ser padre, sin negar nuestro poder educador en una ridícula gimnasia-no directiva.
 
2.- La segunda exigencia de la revolución copernicana en pedagogía, consiste en reconocer a aquel que llega como una persona que no puedo moldear a mi gusto. Es inevitable que alguien se resista a aquel que quiere fabricar. Es ineluctable que la obstinación del educador en someterle a su poder, suscite fenómenos de rechazo, que solo pueden llevar a la exclusión o al enfrentamiento. Educar es negarse a entrar en esa lógica.
Lo normal en la educación es que la cosa no funcione, que el otro se resista, se esconda o se rebele. Lo normal es que la persona que se construye frente a nosotros, no se deje llevar o incluso se nos oponga, a veces para recordar que no es objeto en construcción, sino un sujeto que se construye.
En los establecimientos llamados sensibles, cuando los enseñantes se ven confrontados a comportamientos violentos o inhabituales, la tentación de la exclusión es muy fuerte: echando a los bárbaros. La exclusión es siempre un signo de fracaso, que sella un abandono, los alumnos más desfavorecidos, los que no han tenido la suerte de aprender, gracias a su grupo familiar, las claves del éxito escolar, son los que pagan el pato: su exclusión de la escuela se suma a sus desventajas sociales y los devuelve a la calle. Para evitar la exclusión, los enseñantes entran a veces en enfrentamientos, exigen que el alumno se quede callado, que no se levante durante la clase y tenga el material disponible. Incluso para conseguirlo piden ayuda a sus colegas o a la administración, eso funciona a veces pasajeramente. Pero llega el punto en que el alumno querrá saber hasta qué punto llega el enseñante y sus límites, el conflicto se agudiza y ambos sectores se aferran a su posiciones, el resto de la clase está a la expectativa, a veces gana el enseñante.
 
3.- La tercera exigencia consiste en aceptar la transmisión de saberes y conocimientos, no se realiza nunca de modo mecánico y no puede concebirse en forma de duplicación de idénticos. Supone una reconstrucción de saberes y conocimientos, que ha de inscribirse en su proyecto y de los que ha de percibir en qué contribuyen a su desarrollo.
 
4.- La cuarta exigencia consiste en constatar que nadie puede ponerse en el lugar de otro y que todo aprendizaje supone una decisión personal, irreductible de aprender. Decisión por la cual alguien supera lo que le viene dado y subvierte todas las previsiones y definiciones en las que el entorno, y el mismo, tienen tan a menudo tendencia a encerrarle. El aprendizaje deriva de una decisión que solo el otro puede tomar. La instrucción es obligatoria, pero no tenemos poder sobre la decisión de aprender. La decisión de aprender cada cual la adopta solo. Se adopta para desprenderse de lo que se es, para deshacerse de lo que dicen y saben de uno, para diferir de lo que esperan y prevén.
 
5.- La quinta exigencia de la revolución consiste en no confundir, el no poder del educador, en lo que hace a la decisión de aprender, y el poder que si tiene sobre las condiciones que posibilitan esa decisión. La educación debe posibilitar que cada cual ocupe su puesto y se atreva a cambiarlo. Los espacios educativos deben construirse como espacios de seguridad. Un espacio de seguridad, es un espacio en el que queda en suspenso la presión de la evaluación, en el que se desactiva al juego de las expectativas reciprocas y se posibilitan asunciones de roles y riesgos inéditos. Hacer sitio al que llega, ofrecerles esa clase de espacios, en la familia, en la escuela, en las actividades socioculturales. El crear espacios de seguridad, en los que un sujeto pueda atreverse a hacer algo que no sabe hacer, para aprender a hacerlo. La construcción del espacio de seguridad, como marco posible para los aprendizajes
 
6.- Sexta exigencia la autonomía y autonomización. Consiste en inscribir en el seno de toda actividad educativa, la cuestión de la autonomía de los sujetos. La autonomía se adquiere en el curso de toda la educación, cada vez que una persona se apropia de un saber, lo hace suyo, lo reutiliza por su cuenta y lo reinvierte en otra parte. El proceso de autonomización, podría entenderse como un principio regulador de la acción pedagógica. La autonomización es lo contrario de lo que guía al doctor Frankenstein con su criatura, cuando habría de enseñarle a construirse. Frankenstein pretende realizar y terminar esa construcción él solo, cuando habría que crear lazos entre el que llega al mundo y el que ya está en el. Frankenstein abandona a ese ser en un universo hostil, cuando habría que ayudarle a adquirir puntos de referencia. Frankenstein temeroso de no poder controlarlo, se sume en la postración, cuando habría que intentar la construcción de un futuro juntos. Frankenstein quiere imponer su poder, cuando habría que salir del enfrentamiento y de la dialéctica del amo y el esclavo.
 
7.- La séptima exigencia de la revolución copernicana, es asumir la insostenible ligereza de la pedagogía. Dado que en ella, el hombre admite su no poder sobre el otro, dado que todo encuentro educativo es irreductiblemente singular, dado que el pedagogo, no actúa mas que sobre las condiciones que permiten a aquel al que educa, actuar por sí mismo, no puede construir un sistema que le permita circunscribir su actividad, dentro de un campo de certidumbres científicas.


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